La tiranía de los promedios 2.0: El desbalance rural-urbano en la transformación de América Latina

11-nov-2015

© Naciones Unidas Nicaragua

Por Natalie Gómez Arteaga

La transformación social de América Latina durante la denominada “década de oro” resultado del mayor crecimiento económico y una mayor y mejor redistribución, ya es ampliamente conocida. Entre 2003 y 2013 más de 60 millones de personas en la región salieron de la pobreza, al tiempo que más de 70 millones de latinoamericanos se sumaron a la clase media[1]. Sin embargo, las mejoras observadas a nivel regional no han sido balanceadas entre el campo y la ciudad, al menos no en todos los países. La brecha en la incidencia de pobreza entre ambas zonas, medida como la razón entre la pobreza rural y la urbana, ha aumentado en el tiempo. Entre 2002 y 2012, la pobreza rural paso de ser 1.6 veces la pobreza urbana a ser un poco más del doble (ver gráfica 1).

A pesar de las mejoras, vivir en la zona rural sigue siendo una fuente (o un sinónimo) de desventaja. Como lo muestran los diferentes estudios de movilidad[2] pertenecer a la zona rural se traduce en una mayor probabilidad de ser pobre, y una menor probabilidad de movilidad social, es decir, bajas posibilidades de entrar a la clase media.

Sin embargo, no todos los países de América Latina tienen una brecha rural-urbana importante, ni esta ha aumentado en el tiempo. ¿De qué depende entonces la brecha rural-urbana en pobreza y cómo puede la región buscar un desarrollo balanceado entre ambas zonas? Curiosamente, la existencia de una brecha rural-urbana no depende del nivel de desarrollo económico (PIB per cápita), de la incidencia de pobreza nacional, o del porcentaje de población rural. Dos posibles explicaciones son: una mayor velocidad de reducción de pobreza en la zona urbana por la existencia de externalidades positivas que acompañan a las aglomeraciones; y diferencias o “sesgos” en la política pública.

La gráfica 2 muestra que hay una relación entre mayor reducción de pobreza y un aumento en la brecha rural-urbana. En promedio, los países que más redujeron su pobreza en estos 10 años, son también los países donde más aumentó la brecha entre áreas. Perú es el país que más redujo pobreza en la década analizada al pasar de 54% en 2002 a 24% en 2012 y es el segundo país que más aumentó su brecha rural-urbana al pasar de 1.8 a 2.9. Por el contrario, en los tres países donde la reducción de pobreza fue menor (México, Costa Rica y República Dominicana), la brecha rural-urbana disminuyó.

Esta correlación corrobora la primera explicación. La reducción de pobreza viene (casi siempre) acompañada de un aumento en la brecha por la mayor velocidad de caída en la zona urbana. Sin embargo, no todos los países que disminuyen pobreza lo hacen aumentando la brecha. Hay casos exitosos, como Ecuador y Paraguay, que reducen significativamente la pobreza en ambas zonas con una caída de 23 y 19 puntos porcentuales respectivamente, y tienen una velocidad de caída de pobreza rural lo suficientemente mayor como para cerrar (o al menos no aumentar) la brecha. Chile redujo la pobreza cerrando la brecha rural-urbana a un punto tal que la incidencia rural en 2012 fue ligeramente menor que la urbana.

¿Vaciar las áreas rurales? No: equilibrar el sesgo urbano

Los beneficios de las aglomeraciones en reducción de pobreza no solo se dan por economías de escala en la provisión de servicios públicos, sino en otras dimensiones, como la atracción de trabajadores más cualificados, mayor nivel de productividad, clustering de sectores que dinamizan la economía, e innovación. Todo esto aumenta la posibilidad de generar ingresos. Sin embargo la solución no puede ser fomentar la concentración de la población y vaciar las áreas rurales.

Para efectos de política pública, podemos ver el vaso medio vacío o medio lleno. Por un lado, podemos aceptar que, independientemente del rol de la política pública, cuando la pobreza se reduce la velocidad de reducción tenderá a ser mayor en las zonas urbanas por beneficios naturales a la concentración de la población. Por otro lado, podemos acoger el reto y diseñar políticas públicas que compensen el atraso relativo de la zona rural (garantizando al menos la igualdad de oportunidades en unos mínimos de calidad de vida), para que nacer o vivir en esta no sea una desventaja permanente. Si aceptamos el reto, cerrar la brecha rural-urbana implica cambiar en la forma de aproximarnos a lo rural, pendiéndolo como eje central de una agenda de desarrollo y no como subsidiario al desarrollo urbano. Esto mediante modelos de atención flexibles y pertinentes para salud y educación por ejemplo, y con una política de fomento y diversificación de las economías rurales, y una alta inversión en bienes públicos[3] .

El reto no es menor, dadas las menores proyecciones de crecimiento económico de la región, la mayor vulnerabilidad de la población rural y los mayores costos asociados a atender a la población dispersa. En todo caso, la decisión de política deberá hacerse más en términos de equidad que de eficiencia. Teniendo en cuenta que en promedio un 20% de la población de América Latina vive en la zona rural, reducir la desigualdad entre las condiciones de vida en zonas rurales y urbanas será esencial para la construcción de sociedades mas justas y equitativas.

 

[1] Datos según CEDLAS – Banco Mundial. La clase media está identificada como aquellas personas con un ingreso per cápita diario entre $10 y $50 dólares, ajustados por paridad de poder adquisitivo, con base en la metodología de López-Calva y Ortiz-Juárez (2011).

[2] Ver los estudios recientes de movilidad social como son (Stampini et. al, 2015) y (Ferreira et al, 2013)

[3] Como ejemplo, Colombia lanzó recientemente una Misión para la Transformación del Campo con el objetivo de diseñar políticas de largo plazo en busca de un desarrollo rural integral, como prioridad fundamental para la construcción de una sociedad equitativa y en paz. Ver la página de la Misión Rural en Colombia.

 

 

Fuente

http://www.revistahumanum.org/blog/la-tirania-de-los-promedios-2-0-el-desbalance-rural-urbano-en-la-transformacion-de-america-latina/

Gráficos

Gráfica 1: Incidencia de pobreza y brecha rural-urbana. Fuente: Datos Panorama Social 2014 – CEPAL. Incide de personas
Gráfica 2: Cambios en pobreza por ingresos y en brecha rural-urbana (2002-2012). Fuente: Datos Panorama Social 2014 – CEPAL *La caída se muestra en términos absolutos